Ciencia y superstición

Existen hoy en día muchos países quienes en pleno siglo XXI siguen unidos en las tinieblas de la superstición, donde la verdad es dictada por creencias antiguas que el tiempo y el avance de la civilización no han podido sacudir. Este es un tema que se tocó a fondo en uno de los diplomados para médicos generales 2016 de los que he atendido; sin embargo, aunque difícil de creer, la ciencia y la superstición tienen las mismas bases.

La superstición es un grupo de creencias que afirman el hecho de que muchos de los  incidentes en el mundo son resultado de una voluntad sobrenatural, quien alterna el curso natural de las cosas y el cauce de los eventos.

Existen muchas personas de carácter secular quienes son de la creencia y filosofía de que la superstición es equivalente a la religión, ya que ambas son creencias en algo no comprobable.

No obstante, es importante entender que una superstición y la religión son temas muy distintos, a tal grado que la Iglesia condena toda superstición y creencia en factores que tengan que ver con elementos que traigan o se lleven la suerte, ya que la suerte no existe.

La base de toda superstición es todo aquello que tenga que ver con la fortuna y la suerte, ya que para muchos hombres la superstición es un reino fantástico, donde se encuentran las llaves para la buena y mala fortuna.

A su vez, las supersticiones están arraigadas profundamente en las raíces del folklor y de las tradiciones de los pueblos, ya que estas tienen sus anclas en aquellas épocas previas a los tiempos científicos.

No obstante, es preciso recordar el hecho de que la humanidad siempre ha tenido una verdadera obsesión con la fortuna y la suerte, ya que lo positiva o negativa que ésta sea determina completamente la calidad de vida de cualquier persona o individuo.

Es preciso entender que todas las acciones del ser humano están fundadas en dos principios:

  • Buscar el placer
  • Huir del dolor

Así mismo, si estos dos principios son los gobernantes de todo acto del ser humano, esto significa que los principios de la superstición y los de la ciencia son exactamente los mismos; buscar el placer y huir del dolor.

Es probable que esta declaración sea retumbante para los oídos de muchos, cuya mente y fundamentos racionales sean su mayor objeto de orgullo, como es el caso de muchos individuos de nuestra época y de los dos siglos pasados.

La ciencia en sí es un sistema de descubrimiento y clasificación de todo lo que nos rodea, a modo de explicar los fenómenos naturales en substancia y materia para poder mejorar la vida de los seres humanos, en otras palabras, para poder huir del dolor de una mejor manera.

La superstición, por el otro lado, es un grupo de creencias de carácter esotérico, donde se encuentra la clave para la buena fortuna; en otras palabras, donde se encuentra la clave para huir del dolor de una manera inmediata y saltando toda escala.

Así que la ciencia y la superstición son flores de distinto color, provenientes de la misma semilla.

Tratamientos naturales

Existe una condición muy común que afecta a un alto número de mujeres en el mundo, llamada celulitis.

Si le preguntáramos a un total de 20 mujeres sobre esta condición, le aseguro sin temor a equivocarme que 19 de éstas nos dirían que la celulitis es una verdadera pesadilla y de lo peor que les podría pasar.

La celulitis es una condición hormonal-circulatoria que acumula pequeñas, medianas o grandes porciones de agua y grasa debajo de la piel, causando así una apariencia difícil de aceptar y con toda razón, ya que a nadie nos gusta cambiar de figura.

El cambiar de figura puede sonar como algo cotidiano y sin importancia, sin embargo, este fenómeno le puede causar un severo shock a nuestro subconsciente, ya que el cerebro sabe que el cambiar de forma puede ser algo muy grave y ajeno a la naturaleza humana.

Aunque nosotros entendamos que el cambiar de figura se debe a ciertos desbalances químicos, hormonales o alimenticios, el cerebro lo entiende y lo capta de una manera muy distinta.

Para el cerebro, el cambiar de figura es como si de un momento a otro nos diéramos cuenta que nos estamos convirtiendo en un bloque de madera robusto y cuadrado. Esto, por supuesto, nos causaría un profundo shock y sería el equivalente a una pesadilla de muy mal gusto.

La combinación del descontento del cerebro mezclado con la naturaleza  humana de la vanidad, el padecer de una celulitis puede llegar a ser una condición muy molesta para aquellas quienes la padezcan.

Para la mala fortuna de nuestras queridas mujeres, la celulitis es una condición que afectará a una de cada tres en el mundo.

La celulitis puede llegar a ser, si no se trata con verdaderos profesionales, una condición muy difícil de atacar y más aún de eliminar.

Sin embargo, afortunadamente hay más de un tratamiento para celulitis, tanto de naturaleza natural como de medicina tradicional.

A lo largo de mi vida he conocido a un sin fin de mujeres que de pronto, es decir de un momento a otro, desarrollan esta condición, por lo que también he escuchado sobre un sin fin de tratamientos para celulitis, algunos de los cuales mencionaré brevemente.

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Agua a presión 

Este tratamiento consiste en destruir los líquidos y porciones de grasa mediante la exposición del tejido a altas presiones de agua, disparadas por una manguera especializada, parecida a aquellas que tienen los bomberos.

A modo de que este tratamiento sea efectivo, la paciente tiene que usar un traje parecido al de un buzo, con el objetivo de triplicar el efecto del agua y aplanar la piel.

Sanguijuelas

Las sanguijuelas son una especie de gusanos que se alimentan de la sangre de distintos organismos para sobrevivir.  La creencia en la capacidad de cura de estos gusanos vampiro no es nueva, ya que en la antigüedad éstas se utilizaban para reducir la fiebre de los pacientes.

La lógica tras este tratamiento es que al chupar la sangre de la zona afectada, las sanguijuelas también extraerán aquellas sobras de grasa y agua, por lo que a su debido tiempo, la condición desaparecerá.

Masaje de sal

El masaje en sí es un procedimiento que relaja los músculos y estimula la circulación en todo el cuerpo, algo que tiene mucha fuerza en contra de la celulitis. Ahora pues, si al masaje le añadimos sal de mar, entonces éste será doble o triplemente efectivo,  debido a que la sal abre los poros de la piel y estimula la transpiración.

Ahora querida amiga, ¡vaya y cure esa celulitis!

La histórica cruzada contra la calvicie

La caída del cabello es algo que nos ha preocupado a los hombres desde hace miles de años, por lo que hemos tenido que adaptarnos de la mejor manera posible a este fenómeno tan molesto.

La caída del cabello (alopecia) sucede por una combinación de muchos factores, que si bien siguen siendo debatibles, tienen un grado alto de certeza.

Una  de las causas más comunes de la caída del cabello es la producción en exceso de la testosterona, cuyo efecto y consecuencia es matar a los folículos de nuestro cuero cabelludo, causando la caída del cabello. Una vez que esto sucede, el cabello no crecerá de nuevo jamás.

Es por esta razón que al visitar al dermatólogo para obtener un diagnóstico de la alopecia, lo primero que él hará es checar nuestros folículos con una lupa, donde el médico se dará cuenta si nuestros folículos están vivos o muertos.

Si están vivos, lo más probable es que nos sometan a una sesión de láser, aplicación de spray, más una pastilla (generalmente Propecia) o inyecciones de nutrientes en el cuero cabelludo, para detener la caída y estimular el crecimiento.

Estos procedimientos pueden llegar a ser muy efectivos para algunos; sin embargo, a su vez, pueden también ser poco o nada efectivos para muchos otros.

La molestia de la alopecia puede ser tanta, que mucha de la moda a lo largo de su historia ha nacido debido a la necesidad de ocultarla.

Los romanos usaban el cabello, como sabemos, de una forma muy peculiar, la cual consistía en tener el cabello corto y peinado para enfrente, sobre todo el fleco. Esto naturalmente no era ninguna moda que le fascinara al pueblo, sino una manera de imitar al gran César, su emperador.

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Lo que mucha gente ignora es que el Emperador Romano impuso esta moda debido a que él tenía que usarla para cubrir sus grandes y profundas entradas, así como su falta de cabello en la zona frontal de su cabeza.

La obsesión en el mundo romano con el lema Fuera Calvicie fue tal, que el emperador Tiberio impuso una ley condenando a muerte a todos aquellos que mirasen a la coronilla de su cabeza, ya que esa zona estaba afectada por la alopecia.

En el siglo XVII, los miembros de la aristocracia y especialmente aquellos pertenecientes a la corte del rey, tenían que usar unas pelucas largas y rizadas como signo de su rango y buena sangre, una moda que siguió en el siglo XVIII (las pelucas siendo un poco distintas) y terminó hasta el siglo XIX.

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Esta moda no fue más que un resultado de la alopecia del rey Luis XIV de Francia y su deseo de esconderla, por lo que literalmente impuso dicho estilo en toda Europa.

A principios del siglo XIX el peinado de los antiguos romanos regresó y duraría casi la mitad de este. La razón de este resurgimiento fue simplemente el resultado de los esfuerzos de Napoleón I de ocultar su propia calvicie, tal como lo habían hecho los emperadores romanos más de mil años antes.

Hoy en día ya no nos tenemos que adaptar a la moda de ningún Emperador peleando contra la calvicie, sino que simplemente podemos someternos a un trasplante de cabello, que son 100% efectivos para la mayoría de las personas.

Si tomamos esta decisión, entonces es bueno que consideremos un procedimiento de la misma naturaleza, conocido como técnica FUE, ya que esta cirugía no deja ningún tipo de cicatriz o secuela alguna y te regresará todo el cabello que has perdido.

Efectos del estado de ánimo

El estado de ánimo es un escenario mental que dictamina emociones positivas o negativas en un individuo.

Hay pocas cosas que influencian más a un ser humano que el estado de ánimo, ya que éste es el que determina la manera en la que vemos al mundo.

Muchos de los grandes maestros, tanto de la antigüedad como contemporáneos, afirman que nuestra realidad externa es producto de nuestra realidad interna, lo que significa que aquello en lo que pensemos esculpirá la dimensión en la que viviremos.

El estado de ánimo de un individuo siempre será el producto de los ideales de aquella persona y los ideales de cada individuo serán producto de su experiencia o de su voluntad.

Hemos de saber que el estado de ánimo es relativo y es casi imposible mantenerse en un mismo estado permanentemente; sin embargo, es un hecho que existen ciertos patrones de comportamiento, que ocupan un lugar positivo o negativo la mayor parte de nuestro tiempo.

Un individuo con un buen estado de ánimo será alguien que siempre esté desbordándose de energía, así como alguien que le dé buen significado a las cosas que acontecen a su alrededor,  mismas que debido a su estado mental, generalmente son positivas.

Una persona con un buen estado de ánimo general, es alguien que entiende que la suerte no existe y que nosotros somos los arquitectos de nuestro propio destino, así como de nuestra fortuna.

Sin embargo, es un hecho que las reglas siempre son generales y las excepciones siempre son parte del balance existencial del universo.

Existen casos de personas que hacen todo lo que está en sus manos para moldear un mapa de ideales positivos en su reino mental; sin embargo, simplemente les es imposible.

Muchas veces cuando esto pasa, las personas que ven dicho caso desde afuera pueden llegar a ser muy agresivas al juzgar y muy incompetentes al entender, ya que es de suma facilidad juzgar a aquellos que se ahogan en un pantano cuando uno está sentado en un trono de oro.

Cuando un individuo padece de un mal estado de ánimo por semanas, meses o años, es porque este individuo padece de una fuerte depresión.

La depresión, a diferencia de lo que muchos puedan pensar, no es simplemente un estado mental, sino que muchas veces es una enfermedad tan real como una gripe, un cáncer o una embolia.

La depresión es una enfermedad muchas veces de carácter crónico, que puede acabar con la vida de una persona.

Esto se debe a desbalances químicos fuertes en el cerebro de un ser humano, completamente ajenos a su voluntad.

Es realmente impresionante lo que una depresión fuerte puede hacer tanto al cuerpo como a la mente, ya que puede causar cambios  tanto físicos como mentales muy bruscos.

Esto se los puedo afirmar con absoluta certeza, ya que yo trabajo en un consultorio dedicado a la implementación de lentes intraoculares distribuidos por Lab Uno, y les puedo decir que la mayoría de los pacientes que requieren cirugía padecen de algún tipo de depresión.

Así que la próxima vez que usted conozca a alguien que padezca de depresión, le pido que sea amable y considerado, ya que las siguientes victimas podríamos ser nosotros mismos.

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Adicción a la comida rápida

El día de hoy, muchas personas en el mundo civilizado tenemos acceso rápido y fácil a los alimentos; sin embargo, este acceso veloz se ha convertido en un verdadero  problema para muchos hombres y mujeres, ya que debido a las grasas y químicos que estos tienen, pueden causar problemas importantes para nuestra salud.

En México, por ejemplo, tenemos el segundo lugar en el mundo en cuanto a obesidad se refiere, debido a la falta de tiempo y recursos económicos.

Otra razón  por la cual tenemos tanto gusto por la “comida chatarra” es debido a su gran sabor y capacidad de satisfacción que tiene sobre sus consumidores, así como en su estado de ánimo.

El segundo factor ya mencionado puede sonar ridículo y superficial; sin embargo, le invito a pensar y analizar en lo que siente cuando está yendo a algún establecimiento de comida rápida.

En lo personal, al momento de ir por una hamburguesa a uno de mis establecimientos favoritos, o al pedir una pizza antes de ver una buena película, mi corazón salta de felicidad, aunque intento de alimentarme adecuadamente.

Muchas veces me he preguntado por la razón por la cual no siento el mismo gusto al comerme una ensalada o hasta un sándwich hecho por mí mismo.

La respuesta es muy simple y está en aquello que como, lo que significa que es la comida en sí que hace la diferencia y me produce alegría.

Esta alegría se puede convertir en una verdadera adicción para muchas personas; me atrevo a decir que tan fuerte como aquella del tabaco, las drogas o hasta el mismo alcohol, algo que a mi parecer es un indicador de algo muy siniestro.

Todos sabemos que productos como el tabaco, el alcohol o la droga son así porque sus productores usan elementos que los hacen adictivos, a modo de que su industria siempre esté en el mercado.

Mi conclusión, así como la de muchos otros, creo, es que los grandes productores de comida rápida utilizan elementos adictivos parecidos a los de la nicotina para que la humanidad nunca deje de alimentarse de ellos, lo que significa que estamos en un verdadero problema.

Hace poco tuve una conversación con un bariatra (especialista en laparoscopia) sobre el problema de la comida rápida y el médico compartió mi punto de vista, debido a que el índice de mortalidad a causa de la obesidad está en crecimiento gradual y no está haciendo ninguna escala.

El bariatra, Dr. González Reynoso, también me informó que cada vez tiene más pacientes que necesitan sus servicios en calidad de urgencia.

Yo he tenido contacto personal con personas que padecen de obesidad y muchos de ellos no lo eran desde pequeños o adolescentes, sino que tuvieron una transformación repentina en el tiempo de 3 o 4 años.

Conozco a un individuo quien toda su vida fue una persona delgada y de pronto, después de haberse enamorado, subió 20  kilos en un año, los que se convirtieron en 40 al pasar dos años y 80 al pasar de tres, todo debido al consumo regular de la comida rápida.

¿Cómo darle la vuelta a un mal día? Con ejercicio

Tengo tres amigos que desde niños han sido adeptos a diferentes prácticas deportivas y continúan así, a pesar de sus saturadas agendas. Una pudo ser nadadora profesional, de no haberse dedicado a la programación, que también le apasiona. Otro es entusiasta del futbol, pero no sólo de sofá, sino que entrena y juega, por lo menos dos veces a la semana. Y una más se comprometió tanto con la búsqueda del bienestar físico y mental, que acaba de abrir una academia de yoga en Polanco.

Como ya se imaginarán, mis amigos son muy distintos entre sí; nos conocimos en contextos diferentes y con cada uno comparto ciertos gustos y aficiones. Pero si algo tienen en común es que cada vez que nos reunimos, aprovechan algún momento de la conversación para sumarme a su cruzada por el deporte. Curiosamente, todos enumeran las mismas ventajas de hacer ejercicio: combate las enfermedades y el sobrepeso, fortalece los músculos, ayuda a despejar la mente y elimina el estrés.

El último punto es con el que siempre han tratado de ganarme, pues no necesitan ser terapeutas profesionales para darse cuenta de que habitualmente soy un manojo de nervios. Lo que no sabían, es que fue precisamente por evitar el estrés, que por mucho tiempo me mantuve alejado de las prácticas deportivas.

A diferencia de mis amigos, siempre llenos de energía y buen ánimo, yo fui el clásico chico de gafas, flacucho y bastante torpe, al que ningún equipo quería escoger cuando de organizar una “cascarita” se trataba. En cambio, prefería los paseos en bici, las caminatas y otras actividades que no implicaran encerrarse en un gimnasio ni rodearse de mucha gente. Pero, claro, aquello no entraba en las prácticas deportivas de mi escuela.

De adulto, seguí deleitándome con los paseos por el parque y huyendo de las clases de aerobics, spinning o yoga. Pero nunca se me ocurrió llevar las caminatas a un nivel de entrenamiento más serio, ni buscar otros deportes que pudieran practicarse en solitario, lo cual es siempre mi preferencia.

Así seguí hasta el año pasado. Entonces participé en un proyecto que, si bien fue uno de los objetivos más importantes en mi vida y una de las cosas que más he disfrutado hacer, también llenó mis días de preocupaciones y estrés. La situación llegó a tal extremo, que llegué a tener problemas de salud un tanto delicados. A pesar de todo, no estaba dispuesto a cancelar mi participación en aquel trabajo. Así que en una ocasión, al final de un día particularmente malo, decidí aceptar los consejos de mis amigos y tratar de “activarme”, como dicen ellos.

Empecé con caminatas de 30 minutos, a paso rápido. Acostumbrado como estaba a los paseos, no me resultó difícil adaptarme y subir el tiempo a una hora. Después me animé a cambiar la caminata por un trote ligero; comencé a disfrutar esto mucho más, pues a pesar de las dificultades iniciales, realmente sentía cómo ganaba condición física y fuerza, y eso me encantó.

Lo mejor de todo, desde la primera caminata hasta la fecha, es la sensación de libertad y calma que da el ejercicio. No es que las tensiones desaparezcan por completo, pero al menos durante la hora de entrenamiento, e incluso por un buen tiempo después, todos los problemas quedan en segundo plano; lo que en ese momento importa son los movimientos, la respiración, el ritmo y las condiciones del camino.

Curiosamente, ese “no pensar”, en obligaciones, pendientes o cualquier otra cosa, hace que de pronto lleguen buenas ideas o formas de solucionar algo que llevaba días sin poder resolver. Confieso que no he admitido ante mis amigos cuánta razón tenían y lo mucho que me sirvieron sus consejos, así que aprovecho esta nota para hacerlo y manifestarles mi agradecimiento. Y también reitero, como harían ellos, que activarse es la mejor forma de darle la vuelta a un mal día. Natación, futbol, yoga, running, lo que gustes, pero haz ejercicio.

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Prevenir es mejor

Puede sonar a lugar común, pero lo cierto es que desde niño quise estudiar medicina. Mi motivación era otro de los lugares comunes relacionados con esta disciplina: el curar a las personas.

Sin embargo, cuando después de mucho estudio y esfuerzo cumplí mi anhelo, y comencé a ejercer, me di cuenta de que mis prioridades se hallaban en el orden equivocado. Porque el objetivo más importante de la medicina no debería ser curar, sino evitar la enfermedad.

Esto último no puede lograrse al cien por ciento. Los organismos cumplen un ciclo vital que necesariamente incluye la degeneración de células, tejidos y estructuras. Sin embargo, este proceso puede alargarse y hacerse más sencillo de sobrellevar, de tal forma que no implique tanto deterioro, incapacidad y dolor.

La constante en mis consultas es ver a personas que acuden al médico cuando empiezan a tener algún malestar o dolor que los alerta; o peor aún, cuando los síntomas son realmente insoportables. En muchos casos, el proceso de curación es lento y requiere de medicamentos que deben administrarse bajo vigilancia y con sumo cuidado. En otros, lamentablemente, hay poco que se pueda hacer para solucionar los problemas.

Por eso, siempre que puedo, invito a colegas y pacientes a cultivar los hábitos de la medicina preventiva:

  • Llevar una dieta balanceada; que no significa desterrar por completo algún grupo alimenticio, sino consumir todo lo que el organismo necesita, en su justo balance.
  • Hacer ejercicio diariamente; trotar, caminar o andar en bicicleta por lo menos 30 minutos al día vigoriza todo el organismo y mantiene a raya problemas como el sobrepeso, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes.
  • Practicarse un chequeo médico general, por lo menos una vez al año; si llevamos el auto a revisión o damos mantenimiento a nuestros bienes más preciados, aunque no presenten fallas, con mayor razón deberíamos hacer lo mismo por nuestro cuerpo.
  • En caso de que ya se padezca una condición médica, cumplir de manera puntual y constante el tratamiento.

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